
“El libro de los Cocozapatos”, colección largamente esperada entre las clases pudientes de Miami (pudientes aquí quiere decir en situación de poder leer libros), consta de doce cuentos y cerca de cien páginas de apretada literatura, coronada por el relato que finaliza el volumen y cubre un cincuenta por ciento del mismo, y con el que Fortún redondea un ejercicio narrativo de envergadura. Hay de todo en esta compilación audaz, acaso desafiante. Andanadas surrealistas, como “Deseos” (dedicado nada más y nada menos que a “Los conquistadores del fuego”, los personajes de la célebre novela juvenil de J.H. Rosny). Joyitas de corte más clásico, como “La presentación”. O artilugios deliciosos, corrosivos, como “Su lucha”, donde el protagonista de la historia persigue un referente sexual comparable a “los escuálidos bacalaos nórdicos que en su infancia veía como la abuelita, ya deforestada por la mano de natura y de los años, colgaba en el patio durante un tiempo para que se secasen”.
Cuentos empapados en un humor contagioso, impulsados por un despliegue paródico que no repara en formalidades. Protagonismos imposibles, anécdotas sorprendentes, historias inexplicables. Todo esto y más espera al lector en El libro de los Cocozapatos –incluida la portada de lujo del maestro Omar Santana--, donde lo inesperado se clava como una flecha en el talón de Aquiles de la monotonía. Se trata de un nuevo acierto de la editorial que dirige en Miami Rodolfo Martínez Sotomayor, sagaz editor, siempre al tanto de lo último que se cuece entre bambalinas, en las torres de marfil de la capital del exilio cubano.
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